ANARCOSINDICALISMO TEORA Y PRCTICA RUDOLF ROCKER PDF

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Author:Samuzshura Bazilkree
Country:Honduras
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):2 October 2015
Pages:324
PDF File Size:2.36 Mb
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ISBN:595-9-15144-300-4
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Rudolf Rocker, como William Godwin, se dirigen al sentimiento y a la razn de las masas, especialmente el segundo, fuertemente vilipendiado por los metafsicos y po r los ilusionistas al dar sus ideas en la monumental obra Justicia Poltica. Rudolf Rocker, en Anarcosindicalismo, da al lector la posibilidad de penetrar en lo ms profundo del alma de la Revolucin espaola de los aos y en lo que hu bo de aleccionador y positivo para ser aprovechado por las generaciones futuras. Leyendo a Rocker no hay peligro de un despiste dentro del proceloso mar de las t ergiversaciones.

Con mano segura, nos conduce hacia una claridad meridiana para que a la hora de la praxis la organizacin de los hombres y trabajadores al mismo tiempo no se desve entre caudales de falsa ciencia socialista o en interpretacion es que escapen a la grandeza de los fines a conseguir. Por nuestra parte decimos que al Anarquismo se le confunde lamentablemente, pues to que el Anarquismo no es una idea estereotipada, que por medio de unos mnimos i ngredientes se puede hacer feliz a los hombres de forma automtica.

El Anarquismo no puede tener programa; cuando se le coloca uno a la espalda, dej a de ser Anarquismo. Existe una soberana confusin sobre el particular. De anarquistas militantes hay p ocos, pero de anarquistas pasivos hay millones dentro de la Humanidad, con la ra ra condicin de que stos apenas s se han enterado. El Anarquismo es el grito de inde pendencia y dirigido a la conciencia de todo ser humano consciente de su yo. Los hay que han abrazado la Idea propagando y enalteciendo el Anarquismo; tambin los hay que lo propagan, pero no lo entienden en toda su profundidad filosfica y ana ltica.

Entre stos y los primeros existen enormes fosos que los separan, pero en lo etreo hay mucho que les une. El Anarquismo es un faro que ilumina al hombre y le recuerda siempre que es un ser libre.

Pero convertir al Anarquismo en una doctr ina poltica, con ms o menos ribetes de contenido social, es una solemne estupidez. El Anarquismo es el motor que impulsa la maquinaria inmensa del cerebro del hom bre, de todos los hombres, pero no en la misma medida a todos ellos con la fuerz a arrolladora que produce en aquellos cerebros privilegiados, que en todos los c ampos del saber y del hacer se manifiesta en miles y miles de formas y condicion es.

Tampoco el Anarquismo es una religin, con sus declogos, sus principios y su li turgia; quienes as interpreten al Anarquismo lo desnaturalizan. En cambio, las id eas cratas impregnando de sus conceptos de la Libertad y autenticidad al hombre y trabajador al mismo tiempo -el Anarcosindicalismo-, le seala el camino para que encuentre las condiciones aptas para defenderse y manumitirse del poder de quien es le explotan.

Los trabajadores, en tales condiciones, y practicando el pacto f ederal entre iguales, respetando al pie de la letra lo que tal pacto conlleva, e stn en condiciones para administrar, con plena conciencia, lo que les compete com o entes que forman parte de la Sociedad y de la cual son los que soportan las ms pesadas cargas.

Rudolf Rocker reedit el presente libro en unos tristes das para el proletariado de este pas, recin vencido y sufriendo las condiciones ms espantosas de represin que m ente humana pueda concebir, pero la autogestin o colectivizacin que fue practica da por los obreros y campesinos afiliados a la CNT y a la UGT, con excelentes re sultados, son ejemplos que ya se pueden comprobar en las pginas de la historia de las luchas de la clase trabajadora de Espaa, no hay necesidad de recurrir a mues trarios exteriores.

Rudolf Rocker avanza una sntesis de todas aquellas gestas en el presente libro; nos conoca perfectamente y por ello puede adelantar unos juici os justos, pues fue uno de los luchadores del campo libertario que mejor nos ana liz a travs de aquellas porfas.

Esta organiz acin obrera, antes de agrupar a todos los elementos anarcosindicalistas dispersos dentro de la Alemania de Weimar, y en los problemas concretos de la Revolucin al emana de , no exista como tal, pero gran nmero de ellos haban luchado al lado d e los spartakistas y no tenan ninguna clase de complejos vis a vis de no importa qu formacin revolucionaria autntica.

Batindose siempre sobre una base de clase, los anarcosindicalistas alemanes no conceban que su movimiento se pudiera desarrollar fuera de los Sindicatos. Habiendo rechazado colaborar con los servicios secreto s alemanes y americanos durante la ltima guerra mundial y despus de ella, los mili tantes de la FAUD, con ms de En el memorable Congreso constitutivo de la FAUD, en , Rudolf Rocker expuso los principios de la lucha de clases que animaban a los afiliados a la FAUD dici endo: Se pretende, y particularmente en estos ltimos tiempos, que nosotros somos adversa rios de la dictadura del proletariado.

Yo me alegro de la intervencin de los cama radas de Magdebour pues ella me da la oportunidad de tomar una postura concreta sobre la cuestin. Alemania es un pas de los slogans polticos. Se pronuncia una palabra, se insiste en ella y se propaga, pero nadie se pone de acuerdo sobre su exacto significado. L a dictadura del proletariado, por qu? Porque Marx y Engels defendieron tal punto d e vista. Pero Marx expres en diferentes pocas de su existencia otras opiniones sob re dicha cuestin.

Antes que todo debemos poner de manifiesto que el principio de la dictadura nada tiene que ver con el socialismo. Los primeros defensores de la dictadura no eran socialistas sino pequeoburgueses jacobinos; hombres como Couthon y Saint Just fi guraron como sus ms fervientes partidarios. El mismo Saint Just, que pronunci las palabras que os voy a repetir, era el ms calificado sostenedor de la dictadura cu ando dijo: "El ms importante de los deberes del legislador consiste en extraer de l cerebro del hombre sus propios pensamientos y ensearle a pensar dentro del cuad ro trazado por los hombres de Estado.

Cuando Babeuf cre su conjuracin de "Los Iguales", pensaba poder conducir a Francia hacia el comunismo agrario por la dictadura de un Gobierno revolucion ario.

El movimiento babuvista ulterior, con Barbs y Blanqui, mantuvo los mismos p rincipios. Marx y Engels tomaron tal idea de los babuvistas. Dentro de tales pre misas aqullos desarrollaron la idea de la "dictadura del proletariado" en el Mani fiesto comunista.

Pero despus del levantamiento de la Comuna de Pars, en , Mar x mantuvo otra opinin. Admir el hecho trascendente de la Comuna puesto que ella ha ba destruido el Estado parsito. Con toda evidencia, tal visin posterior estaba en contradiccin con la expresada en el Manifiesto comunista. Ello oblig a escribir a Bakunin, y con razn: "La impresin del levantamiento de la Comuna ha sido tan extraordinaria y potente, que los mar xistas, cuyas ideas han sido trastocadas, se han visto obligados a saludar expre sivamente tal acontecimiento.

Pero han hecho ms todava: contradiciendo sus convicc iones ms ntimas, han acaparado el programa y las finalidades de la Comuna. Ha sido una tergiversacin de bufones, pero obligados a ello. Por contra, si no lo hacen, habran sido atacados y abandonados de todos. Tal es la fuerza del hecho desarrol lado por dicha revolucin en todo el mundo.

Tuvo, pues, en pocas diferentes dos opin iones diferentes. En el Manifiesto comunista vio tal dictadura por el establecim iento de un Gobierno revolucionario fuertemente centralizado, que por medio de m edidas represivas debera implantar el socialismo. En su libro La guerra civil en Francia vio en la destruccin del "Estado parsito" por la Comuna, la gran significa cin de aquel movimiento.

Para nosotros la cuestin es clara: Si se entiende por dictadura del proletariado n ada ms que la toma del poder del Estado por un Partido -no importa cul-, y la dict adura es aqu la de un Partido, pero no de una clase, nosotros somos enemigos irre ductibles de esa dictadura, y por la pura y simple razn que nosotros somos enemig os encarnizados del Estado.

Pero si por "dictadura" se entiende por la expresin d e la voluntad del proletariado, a la hora de la victoria, el dictar a las clases poseedoras el fin de sus privilegios y poner en manos de aqul el control de las funciones sociales, nosotros, anarcosindicalistas convencidos, no tenemos nada a objetar contra una tal dictadura; es ms, la deseamos de todo corazn.

Por nuestra parte decimos que si un da tiene que existir el Socialismo, y nada ha y que demuestre que l no es posible, ese Socialismo no puede representar nada ms q ue la hegemona de la clase obrera y la posesin de la propiedad pblica de los medios de produccin y distribucin. Pero para llegar a todo ello es necesario tener los tiles y los conocimientos ade cuados para lograrlo. Ese Socialismo no puede ni debe presentarse slo con respues tas globales y concretas, a travs de unas nacionalizaciones y, menos an, con la tom a del poder, ya que ellas no son fines en s.

Habr que luchar, pero para luchar y co nseguir ese verdadero Socialismo es necesario tambin -y para empezar- saber a quin ha de servir y cules deben ser los medios a emplear. Por lo tanto, el Socialismo no puede ser nada ms que la expresin revolucionaria y transformadora de la clase obrera; econmicamente no puede ser otra cosa que el es tablecimiento de la propiedad colectiva de los medios de produccin, el fin de la explotacin; es decir, la autogestin.

Ms an: suprimir la gobernacin de los hombres y r eemplazarla por la administracin de las cosas. Pero hay ms todava que lo antes dicho; hay que fijar tambin el tipo de relacin entre los hombres, un nuevo orden de prioridad, un nuevo modelo de vida y de cultura. Si el Socialismo no se completa con lo enumerado pierde toda clase de atractivo y carece de sentido, siendo necesario -tambin- la subordinacin de la produccin a l as necesidades, por qu debe ser producida y por la manera de producirla.

La independencia sindical de la influencia de los partidos polticos, en llegando aqu, reviste una importancia primordial ya que el Sindicato adviene la sola organ izacin de masas que escapa a los imperativos de la democracia capitalista, es dec ir, por una democracia de delegacin de poderes y de colaboracin con la clase que u surpa el esfuerzo del brazo y el cerebro del proletariado.

En cambio, el Sindicato, con la prctica de la democracia directa, lejos de perder importancia, cobra inusitadamente una fortaleza de decisin cuando los problemas estn impregnados de una especificidad real al tratarse de los de la empresa, el m unicipio, las regiones y las nacionalidades Dicho de otra manera, el Sindicato adviene el lugar privilegiado en donde se pue de elaborar la conciencia de clase con plena autenticidad, primero con las mejor as a exigir al capitalismo y, segundo, en la resistencia que suscitan los confli ctos con ste, para luego enfrentarse resueltamente hacia la consecucin de metas ma numisoras integrales.

Lo que Rudolf Rocker va desgranando en el presente ensayo histrico y prctico es ex plicar las razones fundamentales que existen para el entronque del Anarquismo y el Sindicalismo, dndonos una clara idea de lo que es el Anarcosindicalismo. Pr oudhon y su idea de la descentralizacin poltica y econmica. Bakunin el Colectivista y fundador del movimiento a narquista.

Kropotkin, exponente del Comunismo Anarquista y la filosofa del A poyo Mutuo. Anarquismo y Revolucin. El Anarquismo contra el Materialismo Econmico y la Dictadura. Anarquismo y Estado. El Anarquismo como tendencia histrica. El Anarquismo es una corriente intelectual bien definida en la vida de nuestro t iempo, cuyos partidarios propugnan la abolicin de los monopolios econmicos y de to das las instituciones coercitivas, tanto polticas como sociales, dentro de la soc iedad.

En vez del presente orden econmico capitalista, los anarquistas desean el establecimiento de una libre asociacin de todas las fuerzas productivas, fundada en el trabajo cooperativo, cuyo nico mvil sea la satisfaccin de las necesidades de cada miembro de la sociedad, descartando en lo futuro todo inters especial de las minoras privilegiadas en la unidad social.

En lugar de las actuales organizacion es del Estado, con su inerte mecanismo de instituciones polticas y burocrticas, lo s anarquistas aspiran a que se organice una federacin de comunidades libres, que se unan unas a otras por intereses sociales y econmicos comunes y que solventen t odos sus asuntos por mutuo acuerdo y libre contrato.

A todo el que examine, de una manera profunda, el desenvolvimiento econmico y polt ico del presente sistema social le ser fcil reconocer que tales objetivos no nacen de las ideas utpicas de unos cuantos innovadores imaginativos, sino que son cons ecuencia lgica de un estudio a fondo del presente desbarajuste social, que a cada nueva fase de las actuales condiciones social se pone en evidencia de manera ms palmaria y nociva.

El moderno monopolio, el capitalismo y el Estado, no son ms qu e los ltimos trminos de un desarrollo que no poda culminar en otros resultados. El enorme desarrollo de nuestro vigente sistema econmico, que lleva a una inmensa acumulacin de la riqueza social en manos de las minoras privilegiadas y al contin uo empobrecimiento de las grandes masas populares, prepar el camino para la prese nte reaccin poltica y social, favorecindola en todos sentidos.

Ha sacrificado los i ntereses generales de la sociedad humana a los intereses privados e individuales y, con ello, min sistemticamente las relaciones de hombre a hombre. No se tuvo pr esente que la industria no es un fin en s misma, sino que debiera constituir el m edio de asegurarle al hombre su sostn y hacerle accesibles los beneficios de una actividad intelectual superior.

All donde la industria lo es todo y el hombre no es nada, comienza el reino de un despiadado despotismo econmico, cuya obra no es menos desastrosa que la de cualquier despotismo poltico. Ambos se dan mutuo auge y se nutren en la misma fuente.

La dictadura econmica de los monopolios y la dictadura poltica del Estado totalita rio son ramas producidas por idnticos objetivos sociales, y los rectores de ambas tienen la presuncin de intentar la reduccin de todas las incontables manifestacio nes de la vida social al ritmo deshumanizado de la mquina y afinar todo lo que es orgnico segn el tono muerto del aparato poltico. El moderno sistema social ha divi dido internamente, en todos los pases, el organismo social en clases hostiles, y en lo exterior, ha roto el crculo de la cultura comn en naciones enemigas, de suer te que ambas, clases y naciones, se enfrentan unas a otras con franco antagonism o, y en su constante lucha tienen la vida social de la comunidad sometida a cont inuas convulsiones.

La ltima gran guerra y los terribles efectos subsiguientes, q ue no son sino la resultante de las luchas por el poder econmico y poltico, unido todo ello al constante temor a la guerra, temor que hoy atenaza a todos los pueb los, son consecuencia lgica de este insostenible estado de cosas que ha de arrast rarnos, indudablemente, a una catstrofe universal, si el desenvolvimiento social no toma otro rumbo a tiempo. El mero hecho de que la mayora de los Estados se vea n obligados hoy da a gastar del cincuenta al setenta por ciento de sus ingresos a nuales en eso que se llama la defensa nacional y en la liquidacin de viejas deuda s de guerra, es clara demostracin de lo insostenible del presente estado de cosas , y debiera ser bastante para revelar a todo el mundo que la presunta proteccin q ue el Estado ofrece al individuo, cuesta demasiado cara.

El poder, que crece cada vez ms, de una burocracia desalmada y poltica que inspecc iona y salvaguarda la vida del hombre, desde la cuna al sepulcro, est poniendo ca da da mayores trabas en el camino de la cooperacin solidaria entre los seres human os y estrangulando toda posibilidad de nuevo desarrollo. Un sistema que en todos los actos de su vida sacrifica, en efecto, el bienestar de vastas zonas de pobl acin y de naciones enteras a la egosta apetencia de poder y de intereses econmicos de unas reducidas minoras, est necesariamente condenado a disolver todos los lazos y a promover una guerra incesante de cada uno contra todos.

Este sistema no ha servido ms que para prepararle el camino a esa gran reaccin intelectual y social l lamada fascismo, que va mucho ms all que las seculares monarquas absolutas en su ob sesin del poder, tratando de someter todas las esferas de la actividad humana al control del Estado. As como la teologa hace que las religiones proclamen que Dios lo es todo y el hombre nada, as tambin esa moderna teocracia poltica pretende que e l Estado lo sea todo y el ciudadano para nada cuente.

Y de la misma manera que, ocultas tras la voluntad de Dios, descubrimos a las minoras privilegiadas, as, ampar ado bajo la voluntad del Estado, hallamos exclusivamente el inters egosta de los que se consideran llamados a interpretar esa voluntad, tal como ellos la entienden, e imponerla forzadamente al pueblo. Las ideas anarquistas aparecen en todos los perodos conocidos de la Historia, por ms que en este sentido quede an mucho terreno por explorar.

Las hallamos en el ch ino Lao-Tse -La Marcha y el Camino cierto- y en los ltimos filsofos griegos, los h edonistas y los cnicos, como en otros defensores del llamado derecho natural, espec ialmente en Zenn, quien, situado en el punto opuesto al de Platn fund la escuela de los estoicos. Hallaron expresin en las enseanzas del gnstico Carpcrates de Alejandra y ejercieron i nnegable influencia sobre ciertas sectas cristianas de la Edad Media, en Francia , Alemania y Holanda, todas las cuales cayeron vctimas de salvajes persecuciones.

Hallamos un recio campen de esas ideas en la historia de la reforma bohemia, en Peter Chelcicky, quien en su obra Las redes de la Fe someti a la Iglesia y al Est ado al mismo juicio que les aplicar ms tarde Tolstoi. Entre los grandes humanistas se destaca Rabelais, con su descripcin de la feliz abada de Thlme -Garganta- donde o frece un cuadro de la vida, libre de todo freno autoritario.

Slo citar aqu, entre o tros muchos precursores, a Diderot, cuyos voluminosos escritos se encuentran pro fusamente sembrados de expresiones que revelan a una inteligencia verdaderamente superior, que supo sacudirse todos los prejuicios autoritarios.

Sin embargo, estaba reservado a una poca ms reciente de la Historia el dar clara f orma a la concepcin anarquista de la vida y relacionarla directamente con los pro cesos de la evolucin social. Y esta realizacin tuvo efecto por vez primera en la o bra magnficamente concebida de Guillermo Godwin: Concerning Political Justice and its influence upon General Virtue and Happiness -Sobre la justicia poltica y su influencia en la virtud y en la felicidad generales Londres -.

Godwin reconoce de una manera difana que la causa de los males sociales radica, n o en la forma que adopte el Estado, sino en la misma existencia de sta. Y as como el Estado ofrece una verdadera caricatura de sociedad genuina, as tambin hace de l os seres que se hallan bajo su guarda constante meras caricaturas de s mismos, ob ligndoles a reprimir en todo momento sus naturales inclinaciones y amarrndoles a c osas que repugnan a sus ntimos impulsos.

Slo de esta manera se pueden moldear sere s humanos segn el tipo establecido de los buenos sbditos. El hombre normal que no estuviera mediatizado en su natural desarrollo, modelara segn su personalidad el a mbiente que le rodea, de acuerdo con sus ntimos sentimientos de paz y libertad.

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